CIUDAD RODRIGO SE DEJÓ ARREBATAR SUS DOS GRANDES OBRAS DE ARTE: EL RETABLO DE FERNANDO GALLEGO Y EL CALVARIO DE JUAN DE JUNI

JUAN DE JUNI EN 1879 EL CABILDO DE CIUDAD RODRIGO VENDÍA LAS TABLAS A JOSÉ FALLOLA, DIRECTOR DEL HOTEL PARÍS SITUADO EN MADRID

ACTUALMEN SE ENCUENTRAN EN EL MUSEO DE TUCSO (ARIZONA)

EL CALVARIO DE JUAN DE JUNI ESTÁ EXPUESTO EN EL MUSEO NACIONAL COLEGIO SAN GREGORIO DE VALLADOLID

SU SITIO ES LA CAPILLA FUNERARIA DE DON ANTONIO DEL ÁGUILA EN EL CONVENTO SAN FRANCISCO

…SE HA PROFANADO CON SU VENTA LA TUMBA DE ESTE OBISPO MIROBRIGENSE…

gallego

A.S.P.

Ciudad Rodrigo ha perdido dos grandes obras de arte una el retablo de Fernando Gallego que sin duda era el gran tesoro de la ciudad y la otra el Calvario de Juan de Juni.

Está claro que los mirobrigenses no han sabido defender el legado que nuestros antepasados nos dejaron. Hoy la ciudad se tiene que conformar con documentales, audiovisuales y Calvarios de Cartón.

Precisamente durante la celebración de las Edades del Hombre, en el año 2006, aunque se intentó por todos los medios, traer una de las tablas de “nuestro” valiosísimo retablo, tuvimos que conformarnos con un audiovisual, mientras esta gran obra se expone en el museo de Tucso (Arizona) por el que pasan anualmente varios millones de visitantes.

Las pinturas sobrevivieron al terremoto de Lisboa de 1.755, a los efectos de la Guerra de la Independencia y al desguace definitivo del retablo en el último cuarto del siglo XIX. Sin embargo, en 1.879 el cabildo de Ciudad Rodrigo vendía las tablas a José Fallola, director del Hotel París situado en Madrid y al poco tiempo las pinturas se trasladaban a Londres al ser compradas por John Charles Robinson, primer conservador del South Kensington Museum.-

Las veintiséis tablas fueron adquiridas en 1882 por Sir Francis Cook, quien las instaló en su casa de Richmond (Surrey). Por último, durante la II Guerra Mundial fueron enviadas a Estados Unidos para salvaguardarlas de la guerra y allí se quedarían almacenadas hasta que Samuel H. Kress las compró en 1954, donándolas a la UAMA tres años después.

La barbaridad cometida por el Cabildo catedralicio en 1.879, no tiene precio, ni justificación a pesar de las penurias por las que atravesó en esa época. Lo que podría haber sido un salvavidas de la economía mirobrigense, para generaciones y generaciones, se lo cargaron unos cuantos canónigos en un momento, por una miserable cantidad de dinero que quién sabe donde fue a parar. Bueno se sabe que los 30.000 reales por los que se vendió, fueron invertidos en fondos del tesoro y los intereses que generaban se invirtieron en la reparación de ornamentos. La diócesis estaba pasando por una situación de desgobierno local ya que desde el año 1.868 a 1.884 dependió del obispado de Salamanca y Ciudad Rodrigo funcionaba con Administradores Apostólicos.

Precisamente el año en el que fueron vendidas las tablas del retablo de Fernando Gallego, el responsable de la Diócesis Civitatense, era el administrador Apostólico, Narciso Martínez Izquierdo, obispo titular de Salamanca, que quién autorizó la venta propuesta por el Cabildo Catedralicio.

En el año 1.884 se reestablece la diócesis Civitatense, -aunque continua hasta el año 1.950, con administradores Apostólicos-con el Obispo José Tomás de Mazarrasa y Riva, que fue el primero que encabeza este periodo, quién podría haber intentado recuperar el valioso retablo, que aún estaban en Europa, ya que hasta el año 1.954 no se trasladó a Estados Unidos.

Claro que también pudieron hacerlo los obispos que le sucedieron, como Ramón Barberá y Boada, obispo titular de Anthedon (El Blakiych), 1.907- 1.914, trasl. a Palencia. Manuel María Vidal y Bouillón, obispo titular de Birtha, 1.915-1.923 trasl. a Tuy. Silverio Velasco Pérez, obispo titular de Ticelia, 1.924- + 1.927. Manuel López Arana, obispo titular de Curium, 1.929- + 1.941. (Sede vacante: 1.941-1.945). Máximo Yurramendi Alcain, obispo titular de Messena, 1.945- + 1.949. y Jesús Enciso Viana, 1.950-1.955.

Pero nadie, excepto Jesús Enciso, volvió a preocuparse de la valiosa joya de arte que se había perdido, como consecuencia de la negligente actuación del cabildo catedralicio y del obispo, Monseñor Martínez Izquierdo, en el año 1.789.

Cabe destacar que en el Año 1.954, el obispo Jesús Enciso Viana, un año antes de que fuera trasladado a Mallorca, tuvo la oportunidad histórica de recuperar el retablo, llegó incluso a visitar el museo de Richmond, entonces su propietario, quién le comunicó al obispo que estaba en venta por 4.500.000 de pesetas, incluso se llegó a firmar un precontrato, mientras trataba de recaudar esa cantidad, pero a pesar de que acudió a Bellas Artes, pidiendo ayuda con la condición de que pasaría a ser propiedad del Patrimonio Nacional, no se consiguió y finalmente tuvo que renunciar a la compra.

El altar mayor de la Catedral de Santa María fue despojado de su retablo de la manera más vil y posiblemente “ilegal” que puede llevarse a cabo. Las obras de arte de la iglesia no pueden venderse así como así, porque al cabildo catedralicio de turno, le diera la locura de hacerlo dinero y meterlo en fondos del Tesoro, luego la situación no estaría tan al limite, como pretendieron justificar este error.
En fin, son tantas las preguntas sin respuesta que nos hacemos…. porque no llegamos a comprender, que el tesoro más preciado de nuestra ciudad se vendiera sin más. Solo me atrevería a decir que un descerebrado, sin conciencia pudo realizar semejante tropelía.

También me surge la pregunta, si hoy sería posible recuperarlo, claro que el precio no sería ni el equivalente a los 4,5 millones de pesetas de la época, sino infinitamente superior.

PROPUESTA PARA “DEVOLVER” EL RETABLO AL ALTAR MAYOR

Hace ya algunos años, en una conversación que mantuve con el que fuera obispo de Ciudad Rodrigo, Demetrio Mansilla Reollo, sobre el valioso retablo, no dudó en expresar su pesar por esta perdida que lamentablemente consideró irrecuperable. Pero aunque las tablas originales nunca volverán a la Catedral de Santa María, comentó que podrían estudiarse algunas alternativas para que de alguna forma los mirobrigenses y las personas que visitaran la Catedral, conocieran el contenido de esta magna obra.
Precisamente uno de estos comentarios que confesó solamente me hacía a mí, porque solamente era una idea que le había rondado algunas veces, era la realización de una replica del retablo, pero realizada por pintores de Ciudad Rodrigo, como podría ser que cada uno realizara una de las tablas, hasta completar el retablo y posteriormente colorarlo en la altar mayor, como estuvo en su día y para lo que fue creado.
De este modo se recordaría para siempre el retablo y además quedaría para la historia esa “recuperación” gracias a los artistas mirobrigenses. Dejando constancia de donde se encuentra el original y toda la historia que generó su creación y su posterior venta por el cabildo catedralicio, en 1879.
Alomejor el actual obispo, Raúl Berzosa, que ha dado muestras de ser una persona muy comprometida con su diócesis, la idea le parece factible y se lanza a hacerla realidad.
Desde luego que quienes estarán deseándolo serán los pintores mirobrigenses, porque para ellos seguramente sería un sueño tener una de sus obras colgada en el retablo del altar mayor de la catedral de Ciudad Rodrigo.
He querido lanzar esta propuesta, porque me parece una gran idea que solo podría gene cerrar beneficios a nuestra ciudad. Pero ahí queda, para quines tengan el poder ha hacerla realidad y estén convencidos de que no nada descabellada, sino posible.,
CALVARIO JUAN DE JUNI

Pero la historia vuelve a traernos episodios, si no parecidos, semejantes en cuanto a lo que se refiere a arrebatarnos nuestro patrimonio artístico y también de una manera cuanto menos oscura y sin ninguna intención de esclarecerla. Me refiero a nuestra obra escultórica El grupo El Calvario de Juan de Juni. Obra tallada por Juan de Juni para la capilla funeraria que don Antonio del Águila, mirobrigense y obispo de Zamora, levantaba en el convento de San Francisco de Ciudad Rodrigo. Hijo de una de las más ilustres familias mirobrigenses -del alcaide Antonio del Águila-, fue dean de la catedral civitatense; en 1536 fue consagrado obispo de Guadix y en 1546 trasladado a la sede de Zamora. Siendo obispo de esta ciudad intervino en el Concilio de Trento.

El contrato entre don Antonio del Águila y Juan de Juni se firmó el 6 de julio de 1556, por el que el escultor se comprometía a entregar al prelado: tres figuras, la una de Cristo crucificado en la cruz y calvario, y otra de Nuestra Señora y la otra de San Juan Evangelista. Entonces era Obispo de Ciudad Rodrigo don Pedro Ponce de León, quién es informado por don Antonio del Águila, de estas actuaciones y de su intención de ubicar esta obra en el Convento de San Francisco, presidiendo la capilla funeraria que construyó para acoger sus restos cuando falleciera, como así sucedió.
Desde que la obra de Juan de Juni, se ubicó en el convento presidiendo la capilla funeraria de don Antonio de Águila, como éste dejó testamentado y aceptada su custodia por parte del obispado civitatense, nunca había salido del lugar para el que fue creada hasta el año 1.810 durante la guerra de la Independencia, y ante el peligro que corría el convento de San Francisco -extramuros de la ciudad- la obra fue trasladada al interior de la ciudad amurallada, concretamente a la capilla del palacio de los Águila.

Este fue simplemente un traslado para preservarla de su posible destrucción como consecuencia de la guerra. Pero una vez finalizada la contienda y teniendo en cuenta que la capilla de don Antonio del Águila, en el Convento de San Francisco, había quedado intacta, fue de lo poco que se salvó de este impresionante convento, el Calvario debería haber regresado a su lugar, pero ninguno de los obispos que siguieron a la Guerra de la Independencia, se atrevió a exigirle a los Señores nobles moradores del Palacio del Príncipe o de los Águila, descendientes directos del propio Obispo Antonio del Águila, a exigirle la devolución del grupo escultórico El Calvario de Juan de Juni.

Valorado como parte importante del patrimonio cultural de la ciudad, llegó a posesionar en alguna Semana Santa, concretamente siendo alcalde de la ciudad el socialista Miguel Cid Cebrián. En la capilla del palacio de los Águila estuvo hasta los últimos días de 1997, año en que fue comprada por el Ministerio de Cultura y entregada al Museo de Escultura de Valladolid.

La compra reprodujo siendo obispo de Ciudad Rodrigo, Monseñor Julián López Martín, hoy obispo de León, pero tampoco en ese momento se le exigió a quienes solamente eran sus guardianes que no sus propietarios, la devolución de la obra y desde luego tampoco se recurrió su venta.

A pesar de que el historiador mirobrigense, fallecido hace unos años, Feliciano Sierro Malmierca, denunció que se trataba de una venta ilegal, argumentando que los marqueses de Altares, no eran los legítimos propietarios, sino que pertenecía a la diócesis civitatense y el obispo tenía todo el derecho de reclamar la obra para ubicarla en el lugar para el que fue creada y donde había permanecido durante mas de dos siglos, capilla funeraria de don Antonio del Águila del convento de San Francisco.

Pero una vez más los poderosos, los nobles, se apoderaron de este grupo escultórico por el valor que tenía, prefirieron saltarse la memoria de su antepasado y dejarle sobre su capilla funeraria una réplica de cartón y aumentar sus adentradas cuentas bancarias. Pero lo grave es que esto se produjo con la mayor naturalidad del mundo, nadie hizo caso de las voces que denunciaban semejante expolio.

Hoy aún estamos a tiempo de recurrir algo que a pesar de la claridad del tema, donde se conoce todo el proceso, toda la historia y existen pruebas evidentes de donde estuvo la obra escultórica, porque los más de dos siglos dejaron marcada sobre la pared del Convento de San Francisco las siluetas de las tres figuras que componen este grupo, siluetas que están reclamando la vuelta de esta obra.

El obispo don Antonio del Águila, estará revolviéndose en su tumba, viendo como sus propios descendientes han sido los causantes de este saqueo con la complicidad de las autoridades eclesiásticas y civiles que no se han molestado en clarificar algo que estaba por encima de la simple cuestión económica.

Los vecinos reclamaron desde que se produjo la venta en el año 1.997 y durante varios años más, la vuelta del Calvario de Juan de Juni a la ciudad. Desde el Ministerio de Cultura se autorizó su traslado temporal para calmar los ánimos del personal. El Palacio de los Águila, acogió desde al 2006 al 2009 la obra escultorica, pero en septiembre de 2009, era de nuevo llevada al Museo Nacional del Colegio de San Gegrorio de Valladolid. Los vecinos han continuado reclamando su obra, pero desde el obispado no se ha realizado nunca una petición formal a pesar de ser legalmente quién tiene la propiedad de este grupo desde que se hizo cargo del mismo el obispo don Pedro Ponce de León en el año 1.556, que fue cuando don Antonio del Águila encargo la realización de las tres imágenes al escultor Juan de Juni.

Todos parecen querer olvidar que el Palacio de los Águila, acogió esta obra con la única misión de protegerla durante la guerra de la Independencia, por lo tanto, está demostrado que en ningún momento eran los propietarios de la obra que vendieron, por lo que no entiendo como pudo comprarla en Ministerio de Cultura, sin exigir la documentación necesaria que acreditara su propiedad, algo que nunca podría tener porque el propietario verdadero fue don Antonio del Águila, quién dejó su custodia al Obispado Civitatense, para que estuviera siempre presidiendo su capilla funeraria.

PROPUESTA

La propuesta está escrita desde hace tiempo, el Obispado debe reclamar el grupo escultorico del Calvario de Juan de Juni, para devolverlo a su lugar, que hoy sigue siendo posible, la capilla funeraria del obispo Antonio del Águila, en el Convento de San Francisco, y no cabe otra alternativa, porque es donde tiene que estar y no en el Palacio del Príncipe o de los Águila, porque ese no es tampoco el lugar para que el Juan de Juni creó esta obra.

Las cosas son como tienen que ser no como alguien quiere que sea, de acuerdo a intereses económicos y políticos.

Ciudad Rodrigo y sus ciudadanos reclaman con toda justicia algo que solo pertenece a esta ciudad y que fue arrebatada, en principio por quienes se comprometieron a salvaguardar esta obra de los saqueos o su posible destrucción, como consecuencia de la guerra de la Independencia, para posteriormente devolverla a su lugar de origen, algo que nunca hicieron, atreviéndose a profanar la tumba de su antepasado don Antonio del Águila, al vender las imágenes que presidían su capilla, al ministerio de Cultura. También el propio ministerio miró hacia otro lado, al adquirir la obra que todo un pueblo estaba reclamando. El Obispado Civitatense, también cerró los ojos ante esta operación que muchos estudiosos e historiadores mirobrigenses, calificaron como ilegal, porque el grupo escultórico debería haber sido defendido y reclamado por quien tenía la propiedad legitima que era precisamente el Obispado quién tenía la responsabilidad de que la capilla funeraria del Convento San Francisco estuviera presidida por el Calvario de Juan de Juni, como así lo dejó escrito el propio don Antonio del Águila que fue quién costeó la obra, dejándola en manos del Obispado, para que velara por su permanencia en el lugar donde fue instalada y donde estuvo más de dos siglos.